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Haz ejercicio para transformar tu mente y cuerpo

Hay un dicho que dice: “una vez que ves resultados, se vuelve adicción“.

Yo comencé a hacer ejercicio por qué era la única hora al día que consideraba mía. Tenía 2 hijos, así que había hecho todo a un lado para dedicarme a ellos, y me olvide de hacer algo por mí y para mi todos los días. No empecé a hacer ejercicio para ponerme en forma, ni buscaba una súper transformación física, sino en realidad buscaba tener un espacio para mí en donde escuchara música, me distrajera un rato y sudara un poco. ¡Sentía la necesidad de cansarme de otra forma que no fuera el cansancio que provoca dedicarte día y noche a tus bebes!

Empecé con lo más fácil: Subirme a la caminadora. Eran 30 minutos. Desde armar el playlist, comprarme ropa deportiva, etc, pero sentía por fin que empezaba a hacer algo para mí.

Eran solo 30 minutos de lunes a viernes en el gym. Cambiaba de canal por un rato. Escuchaba música fuerte, veía gente entrenando para ponerse en forma, y platicaba con chavas que como yo querían darse la oportunidad de sentirse mejor.

En una ocasión una chava que conocí en el gym me dijo q estaba yendo con una nutrióloga y que bajó de peso increíble, así que me animara a ir. Yo no sentía la necesidad de ponerme a dieta, ni de bajar mucho de peso porque sentía que el peso que tenía demás era por los embarazos pero que era cualquier cosa y que se iría con el tiempo.

En fin, influenciada por lo bien que se veía ella, decidí ir a la nutrióloga. La dieta era balanceada, pero me costaba mucho trabajo seguir un régimen sin embargo decidí ponerme las pilas y hacer la dieta para que valiera la pena el esfuerzo de ir tanto al gym como a la nutrióloga.

Durante un año me mantuve diario entre semana 30-45 minutos en la caminadora, haciendo mi dieta lo mejor posible. Con el paso del tiempo, me empezó a ser imposible que pasara un día sin hacer mi ejercicio. No era mucho la verdad, pero era suficiente para hacerme sentir viva, con otra energía, vitalidad y sintiendo que hacía algo por mí. Sin querer me fui enamorando de hacer ejercicio y de alimentarme sanamente. ¡Cuando empecé a ver resultado, me empecé a enamorarme de ellos también!
En el camino vino otro bebé, el tercero. Para entonces yo ya tenía mi rutina diaria obligada. Seguía bajando al gym de mi edificio diario y hacía caminadora y escaladora. Pero este 3er bebé me trajo la famosa depresión post parto. Jamás me sentí en depresión tal cual, sino que para mí era cansancio. La necesidad de retomar mi vida, mi tiempo que ahora era de mis 3 hijos por completo.

Mi ginecólogo me recetó antidepresivos lo cual me pareció totalmente absurdo. Me dijo, “entonces tienes que hacer ejercicio, alguna actividad física que te saque de tu casa y te permita soltar, liberar y hacer a un lado todo y tener un momento para ti“.  Le comenté que iba al gym en mi edificio diario. “Nooooo” me dijo el doctor, “afuera de tu casa, y lejos de tu cel. Que tu sepas que este tiempo es solo para ti. Intenta con yoga“.

– “¿¿Yoga??” 

– “Si, dicen que ayuda a relajar a liberar el estrés y lo que tú tienes es estrés, cansancio y necesidad de darte tu espacio“.

Pues fui a la yoga. Ahora eran 3 veces por semana el gym, y 2 veces por semana a la yoga.

Repito: jamás fue mi intención ponerme súper en forma, sin embargo se volvió en un modo de vida. Mi alimentación balanceada y mi actividad física diaria empezaron a cambiar mi mente y a transformar mi cuerpo. En cuanto a la dieta baje 12 kilos y en cuanto al ejercicio me volví maestra de yoga. Se hizo una rutina de vida. Cuando empecé, era por hacerme tiempo para mí. Pero conforme fue pasando el tiempo mi cuerpo y mi mente fueron absorbiendo todos los beneficios físicos y psicológicos que produce la actividad física.

El éxito de mi cambio, se lo atribuyó a que nunca me obsesione ni busque el cambio desde un punto de vista de odiar mi cuerpo. Simplemente se dio porque fui constante, sin forzarme de más ni presionarme por los resultados. Adquirí una rutina saludable tanto de alimentación como de ejercicio, súper balanceada. No me exigí de más ni sometí a mi cuerpo a estas dietas o entrenamientos que exigen tanto que terminamos por tirar la toalla.

¡Todo es cuestión de querer un cambio y hacerlo! Poco a poco, no hay prisa pero ser constante, disciplinada y mantenerse en una línea recta hasta que lleguen los resultados y una vez que los sientas, los vas a ver reflejados en tu salud, en tu mente y en tu físico. ¡No podrás parar!

 

El ejercicio es mucho más terapéutico que físico. ¡¡Hazlo!! Sé que es difícil comenzar, da flojera, y aveces no sabemos ni por dónde, así que te comparto algunos tips:

  1. Recuerda que nada es imposible, y que el cambio depende de ti. Lo primero que debes de hacer es cambiar esa sensación de rechazo hacia el ejercicio. Nada sucederá si no cambias primero tu actitud.
  2. Establece una rutina de ejercicios que si puedas mantener. Busca algo que te guste, de verdad hay mil opciones: bailar, correr, caminar, nadar, andar en bicicleta… O sino te gusta sudar yoga, pilates.  ¡Lo importante es hacer algo que te guste! Encuentra una clase que te motive y te guste ir a diario.
  3. No te dejes sabotear por la idea errónea de “todo o nada”. Si un día no pudiste o no quisiste hacer ejercicio,  se vale. La idea es ir lográndolo poco a poco y agarrándole el gusto sin exigirte de más. Lo importante es mantenerte en la línea. Una mala decisión te define, eres la suma de tus decisiones.
  4. Por último, recuerda ser paciente. Los resultados no se ven de un día para otro pero si eres constante, en el momento menos esperado te sorprenderás tú misma de tus logros, de tu condición física y del principio de tu transformación.

Una vida en movimiento puede ser agradable. ¡Si logras cambiar de idea y te enamoras del ejercicio, verás que los beneficios son muchos y ya no querrás abandonarlos jamás!

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Rebeca Sutton
Cardio &  Sculpt Power Yoga

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